Benabentos - Fernandez Dellepiane
Agregado el 14/05/2026
En el libro segundo ilustramos cómo el homo sapiens quedó sometido en la
prehistoria de un modo absoluto a los designios de quienes conducían las
primitivas tribus (donde se gestó nuestra vida en sociedad), verificando que
la necesidad de sobrevivir supuso controlarlos férreamente y que aceptaran
lo decidido o imponérselo de un modo brutal.
El Sistema Procesal Civil Adversarial
LIBRO
II
Omar A. Benabentos
Mariana Fernández Dellepiane
La evolución humana
y los modelos de enjuiciamiento
Sobrevolando en la historia, comprobamos que en las sociedades, ya un poco
más evolucionadas, las personas no ganaron demasiados espacios de libertad.
Continuaron encadenadas a penosas condiciones que las amordazaron física y
culturalmente. Denunciamos, a su vez, cómo las creencias mágicas, dominan
tes durante la mayor parte de la historia humana, forzaron a que la conviven
cia social se tejiera a la sombra de ilusiones y de pensamientos irracionales.
En todas las culturas hubo líderes que dirigían el destino de los demás: el
brujo, el cacique, el califa, el caudillo, el rey de la taifa, el señor feudal, el mo
narca absoluto, los líderes totalitarios y los políticos que se manejan de modo
similar en las democracias impuras, etcétera
La investigación desarrollada de un modo amplio nos permitió caer en la
cuenta de donde proviene esta continuación de una prehistórica concepción
irracional: la de someterse incondicionalmente al poder, y, en el caso que con
cita nuestra atención, al del juez. Luego, ese buceo antropológico y cultural
nos otorgó mayor solidez para sostener que quienes continúan apostando por
la lógica de la sumisión frente al poder, no pudieron (o no quisieron) sobre
ponerse a esa cultura tribal. Y nos quedó en claro el modo de cómo pretenden
atrapar en esos rescoldos a los justiciables envueltos en los conflictos no pena
les, logrando que se mantenga una ciega inclinación a obedecer —sin cuestio
nar— los resortes de los que se vale la autoridad (en este caso la judicial) para
ejercer un dominio asfixiante que no tiene justificación jurídica y ética.
El paso de las sociedades cerradas a las abiertas marcó el principio del fin de
esta estrábica tesis. Y la evolución cultural dejó de bendecir un modelo de
juez verticalista y providencial, al aceptar que nuestro saber y el conocer se
apoyan en una modesta escala humana.
Benabentos - Fernandez Dellepiane
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